Si te digo que la aerotermia está viviendo su mejor momento, no es una frase hecha. Lo ves en cómo se está moviendo el mercado: Iberdrola ha creado una filial específica —ATuAire— dedicada exclusivamente a soluciones de aerotermia y electrificación de la calefacción. Que una compañía así abra una estructura propia para esto no es casualidad; es la señal más clara de que el sector ya ha cambiado de dirección.
Y los números lo confirman. En Europa, más del 26 % de la calefacción y refrigeración ya proviene de fuentes renovables. Es la cifra más alta registrada desde que se mide. En España, la demanda de aerotermia ha pegado un salto de más del 70 % en algunos mercados este último año. Cuando un sistema crece a ese ritmo, no hablamos de una moda, hablamos de transición energética real.
¿El motivo? La eficiencia. La aerotermia trabaja con COPs que pueden superar el 4, es decir: por cada kWh eléctrico que consume, entrega cuatro o más en forma de energía térmica. Eso, comparado con cualquier caldera tradicional, es un cambio de paradigma brutal. Y si además integras el sistema con fotovoltaica, el rendimiento global se dispara y el consumo de red cae en picado. Es una combinación que energéticamente tiene mucho sentido.
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Otro factor clave es la automatización. Los equipos actuales no solo producen calor y frío: gestionan la demanda, optimizan ciclos, ajustan curva climática y hasta analizan el comportamiento térmico de la vivienda. Todo esto se traduce en menos picos de consumo, menos pérdidas y una sensación de confort mucho más estable. Hace diez años, esto no existía en el sector doméstico.
Y no te voy a engañar: lo que viene ahora va aún más lejos. La integración con baterías domésticas, el uso de aerotermia en redes de baja temperatura, la conexión con vehículos eléctricos como fuente de almacenamiento temporal, y sistemas híbridos que permiten gestionar energía térmica y eléctrica de forma conjunta… Es el siguiente paso. Y ya se están ejecutando proyectos piloto en Europa que funcionan con esta lógica de “micro-red” doméstica.
Toda esta evolución, por supuesto, está generando una demanda enorme de instaladores especializados. Porque la aerotermia ya no es poner un equipo y ya está: requiere diseño del sistema, cálculo térmico, conocimiento de curvas climáticas, dimensionado correcto de depósitos de inercia, y una instalación fina para que el rendimiento sea el que promete el fabricante. Y ahí es donde empresas con experiencia, como la nuestra, marcan la diferencia.
Así que, cuando te dicen que la aerotermia es “el futuro”, realmente se están quedando cortos. Con las grandes eléctricas entrando a jugar, la UE batiendo récords de renovables y miles de hogares migrando a sistemas más eficientes, esto ya no es futuro. Es presente. Y uno que avanza a una velocidad impresionante.